2 de octubre de 2018

1968 - NOSTALGIA POR UNA ÉPOCA DE IDEALES

“El significado de la anarquía ha sido interpretado como el estado de mayor desorden, es por que han enseñado a la gente que sus asuntos están regulados, que ellos son gobernados sabiamente, y que esa autoridad es una necesidad” Emma Goldman

“Un cambio social real nunca ha sido llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción” Emma Goldman

Miles de historias han transcurrido en el devenir del tiempo, pero pocas, en comparación, son las que han dejado registro en la memoria de una sociedad; ya sea por lo sublime o funesto del suceso. A toda historia le corresponde una  trama, y cada trama necesita de un contexto, una temporalidad y de actores que le den vida; sin embargo, este conjunto sólo puede tomar sentido a partir de las ideas que los fueron cincelando.

Es así como el año de 1968 se instala como un referente en la genética social al menos en Occidente. Era un período donde la sociedad se estaba reconfigurando después del conflicto bélico de la Segunda Guerra Mundial. El crecimiento económico se mantuvo en prácticamente todo el orbe generando estabilidad económica pero irrisoriamente no así en el escenario político, y mucho menos en el ámbito social. En ese momento crecieron las oportunidades educativas respecto de las que existieron otrora, siendo el detonante de una forma de pensamiento disruptivo que buscaba horizontes distintos al marco rígido que les imponía el Estado, y la extensión de este en los paradigmas sociales, culturales y políticos de la época. Se hacía visible una ruptura temporal de pensamientos e ideales. Por un lado estaban los adultos que representaban los valores atávicos y anquilosados; y por el otro, los jóvenes, quiénes enarbolaban ideas de transición y participación activa en la transformación de su realidad.

México no fue la excepción. La juventud fue la depositaria, como suele ser costumbre, de los ideales que pugnaban por el pensamiento crítico de su realidad. El ser joven y estudiante enarbolaba convicciones, ideales y una profunda pasión por no sólo pensarlos sino vivirlos, con miras de ejercer su libertad sin la tutela inflexible del gobierno y su expresión mínima representada en los padres; siendo los primeros que transmitían el sistema de valores de una época ya distante de los renovados bríos de la juventud.

El statu quo era el recordatorio de un período oscurantista e inquisitorial, donde la rigidez limitaba el ejercicio del pensamiento libre, y la búsqueda de los medios para su concreción era inaceptable. En aquella etapa era impensable abrir escenarios para la cavilación y la participación. Todo estaba sujeto a lo ya dicho, sin posibilidad alguna por escuchar lo que estaba por decirse. De los pocos espacios de reflexión estaban las universidades, núcleo de la agitación de conciencias, promotoras del pensamiento crítico y motivadoras para reflexionar la realidad no como es, sino como debería ser. Cuando estos tres elementos se fusionaron el gobierno se estremeció.

La idea de un cambio era per se disruptiva. El solo hecho de reflexionar y pensar lo imposible era causal de la intervención inmediata de los padres, y si estos no lograban sosegarlos, venía el gobierno de manera amenazante, haciendo sentir su poder y obliterando cualquier idea o acto subversivo. Lo que no se esperaba fue la convergencia de reflexiones y la necesidad de experimentar una libertad plena. Querían ser parte de su realidad y no solo el resultado de las decisiones de “los adultos”. Buscaron reformar la idea de cómo debía de vivirse, abriéndose a toda posibilidad dando voz a los grupos más diversos.

Todas esas ideas radicales -ya que buscaban transformar- se fueron conjugando en una crisálida, y en el momento en que eclosionó surgió como una serie de ideales con las mayores ilusiones. Llegado el momento de llevarlos a las calles y hacerse sentir en aquel espacio que se decía de todos pero que era custodiado por “papá” gobierno, los jóvenes se manifestaron de forma idílica. Hasta ese momento el miedo no podía penetrar su rodela forjada por sus ideales.

La participación fue generalizada, jóvenes de todos los estratos estaban en sintonía. Las mujeres que en ese momento se consideraba debían estar a la sombras de los hombres, emergieron como valkirias, tomando un rol protagónico, participando en las brigadas y subiendo al transporte para explicar qué era el movimiento, condiciones torales para la supervivencia del movimiento. Demostraron que estaban en igualdad de condiciones para ser protagonistas de la historia.

Fue así como llegó el día 2 de octubre de 1968, momento de máxima abyección perpetrada por el gobierno, buscando acallar toda idea diferente y pulverizar los ideales seminales del movimiento. Y es cierto que lograron amordazar muchas vidas, pensando que con ello anularían toda posibilidad de cambio. Lo que no alcanzaron a atisbar en el futuro fue que las ideas y los ideales de aquel momento pervivirían, resonando en las mentes de las nuevas generaciones, porque la idea no muere, es inmortal. Y es así como aquellos jóvenes idealistas del movimiento del 68 han alcanzado la suya.