23 de agosto de 2018

EL APARENTE GIRO DEMOCRÁTICO

El presidente electo anunció desde su campaña un “giro democrático”, representado por la consulta popular como elemento indispensable en el ejercicio de su gobierno, arguyendo la reivindicación de la participación ciudadana en la toma de decisiones. Y sin iniciar constitucionalmente su mandato, dicho mecanismo reluce en un tema de primer importancia para el futuro mediato del país: optar por construir dos pistas en la base militar de Santa Lucia que operarían simultáneamente con el actual AICM o la decisión de continuar con la edificación del NAICM en el área del lago de Texcoco. Hasta aquí, el discurso parece sostenerse por sí solo ante la presencia de una democracia directa. Empero, tal razonamiento se vuelve endeble al contrastarlo con la realidad.

En primera instancia más que impulsar al ciudadano, parece que la participación por medio de la consulta popular, en el tema específico del aeropuerto, es más un cálculo político para no desgastar al gobierno entrante respecto de su promesa de campaña de cancelar la construcción del NAICM. De esta forma gana tiempo y margen de acción para evitar un escenario asaz desfavorable al inicio de la “Cuarta Transformación”. Pero esto, a mi parecer, ya estaba presupuestado. La forma de soportar el embate causado por la administración saliente como promotores del proyecto del nuevo aeropuerto, justamente es mediante la consulta popular y dando cabida al diálogo con los distintos grupos interesados en el tema. Así logra mantener la legitimidad, anula la obligación del cumplimiento de la promesa de campaña, y tiene tiempo para que de manera natural se enerven las tensiones en este periodo de gracia previo al inicio formal de su encargo.

En segunda instancia, refiero una condición de sentido en torno a la implementación de la consulta popular como eje de la participación en este desconocido “giro democrático. Aparentemente existen elementos que soportan y elogian tal deferencia hacia la sociedad; sin embargo, debemos profundizar en las condiciones existentes para ver la razón de ser y su viabilidad. La decisión de mantener el aeropuerto en funciones o continuar con la edificación del nuevo aeródromo, conlleva un amplio y detallado análisis. Se requiere de, al menos, conocimientos básicos en: aeronáutica; geotecnia; impacto urbano, hidrológico y ambiental; para poder tomar una decisión más o menos acorde a las necesidades del país y procurando el menor impacto negativo. Lamentablemente, la decisión se complica aún más cuando existen dictámenes emitidos por grupos de expertos que se contraponen entre sí.

Como observamos la cuestión se ciñe en el viraje democrático propuesto por el próximo gobierno, que consta de establecer una democracia participativa para la toma de decisiones vía la consulta popular con carácter vinculante. Inicialmente trae consigo un beneficio vital en la gobernanza, ya que le dota de legalidad, y sobre todo, legitimidad; condición toral para la acción de gobierno. Argumentativamente dicho mecanismo reivindica al ciudadano. Lo saca de ese espacio lúgubre y antagónico, para llevarlo a una latitud -experimentada pocas veces o ninguna-, donde, aparentemente, pasa a ser el personaje protagónico de la obra y lo hace directamente responsable del efecto que en un futuro tenga su decisión. De aplicar esta lógica el gobierno quedaría blindado ante un posible efecto adverso. Y es aquí donde se manifiesta un discurso ambivalente.

De allí que me centre en el "giro democrático" propuesto por el gobierno entrante. Si bien es plausible ofrecer una vía de participación directa, debemos adentrarnos en el contexto espacio-temporal para atisbar la forma y fondo de tal inclinación. Hemos visto que discursivamente adhiere voluntades, pero en su transición a la realidad se produce una fragilidad que trastoca elementalmente esta entelequia democrática. Por eso deben existir ciertas condiciones para su implementación y ejercicio real, como lo menciona Cornelius Castoriadis:

“Democracia significa etimológicamente la dominación de las masas. Pero no tomemos el término dominación en un sentido formal. El dominio real no puede ser confundido con el voto: el voto, incluso el que se emite libremente, puede ser, y lo es frecuentemente, la farsa de la democracia. La democracia no es el voto relativo a cuestiones secundarias, ni la designación de personas que decidirán por ellas mismas, fuera de cualquier control efectivo, sobre las cuestiones esenciales. La democracia no consiste tampoco en llamar a las personas a pronunciarse sobre cuestiones incomprensibles o que carecen de sentido para ellas. El dominio real es el poder decidir por sí mismo sobre cuestiones esenciales y hacerlo con conocimiento de causa. En estas cuatro palabras: con conocimiento de causa, se encuentra todo el problema de la democracia. No tiene ningún sentido llamar a las personas a que se pronuncien sobre determinados asuntos si no pueden hacerlo con conocimiento de causa[...] y menos que nadie a las masas, a quienes se les oculta sistemáticamente la realidad económica y política, así como el sentido de las cuestiones planteadas. La conclusión que se desprende no es confiar el poder a una casta de burócratas incompetentes e incontrolables, sino la de transformar la realidad social, de forma que los datos esenciales y los problemas fundamentales sean asequibles para los individuos, y que éstos puedan decidir con conocimiento de causa”.

Es cierto que la propuesta del gobierno le da voz y voto al ciudadano. Pero en qué condiciones, si infortunadamente, un gran segmento de la sociedad, por no decir la mayoría, no tiene ni los elementos ni el conocimiento para formar un criterio que sustente su decisión sobre este tema debido al alto nivel técnico del megaproyecto. Debemos ser conscientes que no se reduce a exhibir y publicitar documentos, informes y dictámenes, sino a poder discernir a través de estos la opción más viable, aunque no idónea.

Entonces, ¿de que sirve darle voz y voto al ciudadano si lo imposibilita a decidir con conocimiento de causa? En este punto es donde encontramos la falencia del "giro democrático" de la próxima administración federal. Un ciudadano que no tiene el "dominio real", es decir, el conocimiento de causa sobre los temas que será partícipe y deberá tomar una decisión -como aduce Castoriadis- pierde potencia y queda circunscrito, en gran medida, a un mero ejercicio retórico; pero sí coadyuva a legitimar las decisiones de gobierno protegiéndolo, prácticamente, ante cualquier escenario adverso; y en caso de que el resultado sea favorable, se dirá que "el pueblo eligió sabiamente". En ambos casos el gobierno resultaría indemne.

Cabe precisar que el tema no es si el “giro democrático” del próximo gobierno es benéfico o no, porque la respuesta inmediata a una aspiración social de ser partícipe directo –más o menos- de su destino es favorable e imperioso. La interrogante debiera versar sobre qué temas pueden ser llevados a la palestra pública, a través de qué mecanismo y si legalmente el resultado debe tener carácter vinculante. Llegamos al punto donde ni los apasionamientos ni las posturas recalcitrantes adoptadas por filias o fobias deben anteponerse al pensamiento crítico. Al contrario, debemos ser escrupulosos e imparciales a fin de dirimir con conocimiento de causa sobre temas de vital importancia para el desarrollo del país, y donde la sociedad, aparentemente, durante el próximo sexenio, podrá darle cauce a sus sueños a fin de que se concreten en una realidad donde prime su voz, su voto y su bienestar por encima de todo. Y eso nos queda... esperar a que nos llegue la realidad.

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